Julio Iglesias y el Festival de Benidorm 1968: el inicio de una leyenda

En la historia de la música española hay fechas que marcan un antes y un después. Para Julio Iglesias, ese momento llegó en 1968, cuando subió al escenario del Festival Internacional de la Canción de Benidorm con una melodía escrita durante su larga convalecencia tras un accidente de tráfico: La vida sigue igual.

El accidente que cambió su destino

En 1962, Julio Iglesias era un prometedor portero del Real Madrid juvenil. Su vida parecía encaminada al deporte hasta que un accidente automovilístico lo dejó gravemente herido. Los médicos llegaron a decirle que no volvería a caminar, pero la rehabilitación y la fuerza de voluntad le dieron una segunda oportunidad. Durante esos años, una guitarra que le regalaron en el hospital se convirtió en su compañera inseparable. Con ella empezó a escribir canciones que serían el germen de su futura carrera artística.

El salto a la música

A mediados de los años sesenta, mientras recuperaba la movilidad, Julio comenzó a mostrar sus composiciones en círculos pequeños. Sin embargo, fue el Festival de Benidorm, por aquel entonces una de las plataformas más importantes para descubrir nuevos talentos en España, el que le abrió las puertas definitivamente.

El joven madrileño se presentó con La vida sigue igual, un tema autobiográfico que hablaba de superación y esperanza, inspirado en su propia experiencia. Su interpretación cautivó al jurado y al público, otorgándole el primer premio del certamen.

El impacto de La vida sigue igual

La victoria en Benidorm no solo supuso un trofeo, sino un auténtico trampolín. El tema se convirtió rápidamente en un éxito nacional, y poco después fue también el título de una película autobiográfica estrenada en 1970, en la que Julio Iglesias se interpretaba a sí mismo. El cine ayudó a consolidar la imagen del joven cantante romántico que había renacido de la adversidad.

Una carrera que cruzó fronteras

A partir de ese triunfo, la carrera de Julio Iglesias tomó velocidad. Pero lo curioso es que en un inicio Julio no pensaba cantar “La vida sigue igual” él mismo. La había compuesto durante su recuperación con la idea de que fuese interpretada por otros artistas. Sin embargo, en el propio Festival de Benidorm alguien le preguntó: “¿Por qué no la cantas tú, si es tuya?”. Ese instante cambió el rumbo de su destino: tomó el micrófono, la interpretó con emoción y se adueñó de la canción que se transformaría en su primer gran éxito.

Tras el festival firmó con la discográfica Columbia, lanzó sus primeros álbumes en castellano y comenzó a recorrer escenarios internacionales. Su estilo, mezcla de calidez mediterránea y balada universal, lo llevaría a conquistar primero Europa y después América, hasta convertirse en uno de los artistas más exitosos de todos los tiempos.

Un comienzo legendario

El Festival de Benidorm 1968 fue, en esencia, el punto de partida de una leyenda. Sin aquel escenario, quizás Julio Iglesias nunca habría dado el salto que lo llevó a vender más de 300 millones de discos en todo el mundo y a cantar en más de una docena de idiomas.

Más de medio siglo después, La vida sigue igual sigue siendo mucho más que una canción. Es el símbolo de una historia de superación personal y de un destino que cambió para siempre gracias a la música.